domingo, noviembre 23, 2008, 01:20

Tan cerca de esa luz me siento
tan cerca de saber algo de mí
de entender por que
sobrevivir
por que latir
y ponerse frente a la distancia
al desafío
allí donde duele
donde la razón importa poco.




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jueves, noviembre 20, 2008, 00:39

Me parecía ver un mar de nubes en el tráfico imparable de los devoradores de gasoil, calles por las que se abrían poderosos aromas de cocina, teléfonos sonando junto a las orejas colocadas en cabezas de todas las edades, de todas las especies, que hablaban todos los idiomas. Tiburones vestidos de tergal, subiendo calles, atravesando plazas, entrando en los cafés, subiendo a los autobuses, bajando a los subterráneos, desapareciendo con su identidad y con la mía.
martes, noviembre 4, 2008, 01:47

Un día cualquiera, lejos del hombre, de su posesión, de su afán de dominio, un día templado sobrevolando los campos y los bosques en total soledad. Y las aves siguiendo mi vuelo entre las nubes que se forman en los sueños. Sigo la estela de aquella estrella que me lleve a otro mundo, días y noches en el aire, lejos más lejos. Ya nadie en ese aire, nadie en el silencio astral, ni siquiera yo.
lunes, octubre 27, 2008, 00:27

La mirada
a veces sincera como la gravedad de una estrella
invade por mucho tiempo los cielos.
El eco que se repite en las cotas del firmamento
y que asciende entre los reflejos.
La firme voluntad que surge entre la evanescencia de una mirada altiva que fue derrotada.
Cientos,
miles de millones de pensamientos.
El crepitar del incendio en un bosque imaginario,
la veneración al Sol, de un árbol, de una flor.
El adiós.
martes, octubre 21, 2008, 01:57

Acabo de llegar de mi solitario viaje al otro extremo del mundo, de Nueva Zelanda, al otro lado de Australia. He subido a la torre más alta del hemisferio sur, la SkyTower de Auckland, desde lo más alto lancé un avión de papel blanco a la ciudad más extensa del planeta, que aunque solo tiene un millón y pico de habitantes, casi todas las casas tienen terrenito adosado. Por supuesto he visitado el War Memorial Museum de Auckland en el que pude ver todos los elementos de la historia indígena maorí, embarcaciones –wacas- y maravillosas esculturas, incluso tenían montado en el interior un templo tradicional de madera tallada. Desde allí fui a la isla Tiritiri Matangui, en el golfo de Huaraki donde disfruté con la alucinante visión de las aves más maravillosas que puedan existir en el planeta, era el parque marítimo del golfo, un lugar donde recuperaron espléndidamente los árboles autóctonos. Desde luego lo mejor fueron las playas radiantes de arena y aguas cristalinas y, aunque parezca increíble los buenísimos vinos autóctonos que degusté y los paseos por los olivares con olor a mar. Alquilé un gran descapotable rojo y me fui hacia el norte, Thames y Coromandel, donde me sumergí en el parque forestal más grande que he visto por ahí, y donde paseé las playas más hermosas, en las que se reflejaban flores rojas de copas de árboles cuyo nombre quise apuntar: pohutukawas. La selva enmarcaba el litoral hasta más de cuatrocientos kilómetros, me perdí por muchos senderos horas y horas. En la costa oriental me encontré con una playa en la que excavabas una piscina en la arena y tenias la sensación de darte un relajante baño caliente cuando te tumbabas en el agua burbujeante que afloraba a la superficie, después ya podías irte a las frías aguas que bañaban la playa con su leve susurro. Todo un sueño para un vagabundo local.
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